miércoles, 22 de enero de 2014

Malas expectativas de crecimiento del gigante asiático.

      La segunda mayor economía del mundo creció en el cuarto trimestre de 2013 un 7,7 por ciento, una décima menos del 7,8 por ciento del tercer trimestre, en un nivel que es el menor de los últimos 14 años. La producción industrial, el comercio exterior y la demanda interna siguen disminuyendo. La razón: una economía mundial débil y los propios problemas estructurales de China, como su deuda pública y el inminente pinchazo a su burbuja inmobiliaria y financiera, algo que puede hundir aún más la economía. Si bien la economía china creció 7,7 por ciento durante 2013 y esta cifra representa dos décimas por encima del objetivo del gobierno, la tendencia general, como muestra la gráfica, es a una desaceleración gradual en la velocidad del crecimiento. Así, mientras en 2010 la tasa de crecimiento se situó en 10,4 por ciento; en 2011 alcanzó el 9,2 por ciento; el 7,8 por ciento en 2012 y el 7,7 por ciento en 2013.

      Este año China ha promovido un importante paquete de reformas para abordar los desequilibrios en la sociedad china. La corrupción y la desigualdad se han generalizado y amenazan la cohesión social. Por eso China planea consolidar un paquete de reformas para hacerse más independiente de la inversión externa, y para fortalecer el consumo interno, dos medidas que dan la espalda al resto del mundo. El gobierno también adelantó que no rescatará ni reembolsará las malas inversiones, como fue la tónica desde el estallido de la crisis. Esto puede provocar el primer gran default en el gigante asiático que podría contagiar a una parte del sistema financiero global. China ha adoptado esta medida porque una de sus mayores preocupaciones es el sistema bancario en la sombra. El año pasado estalló una nueva contracción del crédito y los bancos no están dispuestos para préstamos de capital entre sí. El banco central tuvo que intervenir para evitar el colapso financiero. Cualquier interrupción en el flujo de efectivo de los inversionistas a los prestatarios obligaría a China a elevar las tasas de interés y eso provocaría un fuerte remezón en la banca mundial. China también ha sido objeto de los capitales especulativos, el abuso y la corrupción de los mercados financieros y la hinchazón de dos enormes burbujas cuyo desplome puede convertirse en un salvaje tsunami.

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