El mundo a dos velocidades ha llegado para quedarse y lleva aparejadas grandes transformaciones en las inversiones. Significa que muchas de las concepciones que manejábamos sobre el riesgo y la asignación de activos deben ser profundamente cuestionadas y modificadas. A pesar de ello, hasta ahora se han producido pocos ajustes en las estrategias por parte de los inversores y sin embargo deberían realizarlos cuando antes, pues las inversiones que no se adapten a este nuevo entorno se arriesgan a quedarse atrás. A la vista del entorno de volatilidad en los mercados, es más importante que nunca que los inversores se fijen en el largo plazo, enfocando el análisis con una perspectiva fundamental que les dé ventaja a la hora de identificar a los futuros ganadores. Así, el crecimiento de gran parte
del mundo desarrollado se está moderando, lastrado por unos déficits
públicos y endeudamientos al alza, mientras otras muchas partes del mundo emergente están experimentando un rápido crecimiento. En Europa probablemente veamos un periodo prolongado de poco
crecimiento con tipos de interés relativamente bajos. Muchos países
desarrollados se enfrentan a un proceso de desendeudamiento a largo
plazo que es improbable que se revierta en un futuro cercano. Esto no
sólo forma parte del ciclo económico, es un cambio estructural y
duradero. Así, somos más pesimistas que el consenso sobre las
empresas de infraestructuras y materiales de construcción, ya que los
ciclos de construcción son muy largos y están vinculados a las
tendencias crediticias y demográficas a largo plazo. Desde un
punto de vista global, hacemos más hincapié en empresas que puedan
incrementar sus volúmenes de negocio, repercutir las presiones
inflacionistas y minimizar los riesgos para su balance. Esto explica,
por ejemplo, por qué nos gustan determinados valores de consumo y del
sector servicios y por qué estamos sobreponderados en empresas sólidas
que pagan dividendos elevados. Dentro de los mercados de mayor crecimiento, como China, uno de los elementos diferenciadores clave será identificar a las empresas que puedan repercutir los aumentos de costes. Por ejemplo, las empresas de materias primas se han enfrentado a mayores presiones sobre los márgenes por el descenso de los precios y el aumento de los costes. Esto significa que se tendrá que mejorar la productividad en China en aquellos sectores en los que el coste de la mano de obra se ha incrementado considerablemente, especialmente a la vista de la oferta de mano de obra potencialmente más barata de países como Vietnam, Filipinas, la India e Indonesia.
Como hemos indicado, una forma de progreso para las empresas de países desarrollados es la innovación, área en la que existen muchas microtendencias y temas. Uno de ellos es la distribución europea, por ejemplo, donde prevemos que las compras de alimentación se realicen totalmente por Internet dentro de 20 años, lo que significa que habrá grandes tiendas en línea y pequeñas tiendas en las ciudades. Los hipermercados quedarán esencialmente obsoletos. Otro ejemplo es el sector bancario europeo. Creemos que la gravedad del ciclo económico actual ensombrece el hecho de que existen algunos negocios bancarios de calidad en Europa. El mercado no está diferenciando entre los retos estructurales y cíclicos. Existen "campeones nacionales" en banca minorista que han expandido su negocio subyacente a lo largo de la crisis y cuentan con grandes cuotas de mercado en segmentos rentables. Las provisiones por préstamos incobrables en niveles cíclicamente elevados y los tipos de interés en niveles cíclicamente bajos han desembocado en la baja rentabilidad empresarial que se observa en la actualidad. En este sentido, el mercado podría haber subestimado la rentabilidad potencial "normalizada" de muchos bancos al poner demasiado énfasis en la rentabilidad a corto plazo.
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