No hay que ir muy lejos para darse cuenta de los verdaderos motivos
de la existencia de economía sumergida, si bien es cierto que la hay en
todos los países europeos y a todos los niveles, desde la hostelería de
barrio hasta las grandes corporaciones bancarias. Los países del sur tenemos fama de ser más proclives a desarrollar
nuestra economía informal en un porcentaje superior a los países del
norte, y es seguro que el clima no tiene nada que ver en esa cuestión. Desde hace décadas sabemos por nuestra propia experiencia diaria que
la economía sumergida la hay y puede ser importante, desde el
fontanero hasta el abogado, el electricista al dentista... El cálculo de esa economía sumergida es imposible por propia definición, así que nos tenemos que conformar con meras aproximaciones, la última la que nos ofrece un informe de Visa Europa y estima que puede llegar a alcanzar el 18,6% del PIB, e indica igualmente que el peso de la misma no ha variado significativamente desde 2008 a pesar de las voces escandalizadas de algunos medios de comunicación, más preocupados por esta cuestión que por la gestión eficiente de nuestro dinero público. Pero, ¿cuáles son los motivos de que tengamos unas tasas de economía sumergida superiores a los países del Norte?
- La elevada presión fiscal.
- La baja productividad en general.
- La elevada corrupción política.
En relación al segundo de los motivos principales, indicar que nuestra economía en general adolece de una alta dosis de productividad. Eso significa que la competitividad se debe conseguir a base de precios reducidos. En la actual crisis económica, y en nuestra función de consultores en cuestiones empresariales, reducción de costes, búsqueda de rentabilidades mayores, reducción de pasivos, puesta en rendimiento activos infrautilizados y cuestiones por el estilo, vemos como las empresas de todo tamaño y condición siguen el mismo camino:
- Reducción de los costes en la medida de sus posibilidades.
- Eliminación de todo lo superfluo.
- Reducción de los efectivos de personal, incluso incurriendo en nuevos créditos para hacer frente a costes de despido.
- Empezar a trabajar en la economía sumergida en porcentajes crecientes.
- Si los problemas persisten, incluso llegar a trabajar exclusivamente en economía sumergida (hablamos en este caso de autónomos o muy pequeñas empresas).
- Cierre.
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